27 Feb 2021

 


Se te ocurrió decírnoslo en un bar,

recuerdas,

delante de un café con leche en vaso:

“debían de oler a eso los mayores,

a coliflor cocida,

a ese aire un poco mustio cargado de humedad”.

 

Sorbías el café con una paja

sin encontrarle el gusto de hace tiempo:

“el mismo olor lo siento en las promesas

aquellas que me hacía cuando era niño”

 

Qué pena.

 

Será que todo huele un poco a puerro

—cuesta muy poco, aunque no me guste— 

y mezclo tus palabras con mi sangre

y me la encuentro espesa como un soneto malo.

Tal vez será por eso que recuerdo,

y se me ocurre que hace tiempo que no escribes:
ya no te crees lo que me decías

que no se queman así de fácil bibliotecas

de libros de deseos y de versos.

 

“Y es que lo sabíamos de antemano:

jugábamos a ser niños ya mayores

de vuelta de las cosas de la vida

‘la vida es sueño: el sueño de la vida’.

Eso lo escribía cuando tenía quince.

 

Llevábamos ya dentro esa semilla

abonada con la mierda que escribíamos,

que nos pudrió la sangre poco a poco.

Quién sabe si en el fondo de las cosas

nos espera solamente la tristeza”

Eso decías.

 

Será que todo huele un poco a puerro,

—debían de oler a eso los mayores—

pero me voy oliendo los sobacos

y casi me convences: me pincho

y lo que sale es sangre condensada.

 

Por fin creció esa semilla, mira qué frutos.

Tuvimos que ponerle mucho abono.

Acabo de probar uno de ellos.

 

Tenías razón:

adulto sabe a niño adulterado.

 

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Un homenaje (de hace años ya) a ese niño que uno va redescubriendo. Y a mi amigo Alejandro https://todoal59.blogspot.com/ al que he saqueado varios versos, porque su poesía siempre me ha movido cosas por dentro.